Esta es mamá antes de que tú nacieras.
Tú habitas ya en su vientre y en su mente.
Tardes de parque. Tardes de Heidi.
Ella cose. Tú cantas.
En la noche, la llamas "¡mamá! ¡mami!" y ella acude con su sopa de mimos.
Esta eres tú con quince años
explorando tu propia paleta de colores.
Esta eres tú con tu propio vientre y tus propios pensamientos.
Empieza el cambio de roles.
No estabas preparada. Nadie lo estaba. Ni tú, ni mamá.
Ella va menguando. Ella haciéndose chiquita.
Tú, perpleja. Tú, doliente.
Esta es mamá camuflándose ahora en tus contornos...
Mamá-matrioska-chica no cabe en ti-matrioska-grande.
En el fondo de las matrioskas, tú sigues siendo aquella matrioska chiquita que habitó su vientre y se camufló en su falda.
Llamas de noche, "¡mamá! ¡mami!".
Nadie acude.
Asegúrate de acudir tú.
Dedicado a todas las matrioskas que cuidan de sus matrioskas estos días... para que no se les olvide cuidar a la más pequeñita que llevan dentro
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