La pintada me la topé caminando por el paseo marítimo:
Leer es de maricas
Tuve que pararme a pensar qué es lo que me ofendía más:
que hubieran utilizado la palabra "marica",
que la hubieran utilizado a modo de insulto,
que insultaran la actividad de la lectura,
o que todo lo anterior grafitara una farola del paseo.
Esto es un síntoma, pensé.
O dos.
Síntoma de la homofobia que persiste latente a pesar de la aparente normalización de la homosexualidad.
Síntoma también del lugar al que ha quedado relegada la lectura en la jerarquía de valores de la sociedad actual.
Cuando UNA era adolescente, mucha gente leía, más que ahora. Ésta no es, no obstante, la mayor diferencia entre entonces y ahora. Por supuesto entonces también había mucha gente que no leía, como ahora. La mayor diferencia es que la gente que no leía no miraba con desprecio a la gente que sí leíamos. Ahora, lamentablemente, entre jóvenes y adolescentes, ya no es así. Leer se ha despopularizado. Para la gran mayoría de la masa que se nutre de redes sociales, leer es de pringaos.
Cuando eran chicos, UNA les leía todas las noches. Si no iba a poder estar, les grababa los cuentos en un CD para que su padre se los pusiera. Cuando los reyes empezaban a leer por sí solos, la casa se llenó de rincones en los que tumbarnos a leer juntos, uno de los mayores placeres que su infancia me ha regalado. A veces UNA les pedía que me leyeran ellos en voz alta. Ahora UNA ha vuelto a leer sola y los monstruos ya no leen. Apenas a ratos Dolfete hijo3 se asoma a algún libro, pero sé que ya lo estoy perdiendo entre páginas.
Cada etapa de la vida, le ha ido robando a UNA a sus tres lectores.
Había una librería preciosa en Córdoba que se llamaba Títere. UNA llevaba a Gusi hijo2 y a Dolfete hijo3 allí a escoger sus lecturas, como hacía mi padre con UNA en los sábados vallisoletanos de mi infancia. La dueña de Títere, Herme, cuando UNA se lamentaba de que Paul hijo1 ya no leía, siempre me decía:
- Ya volverá. El lector siempre es lector.
No es sólo la cultura-de-la-inmediatez que ya mencionamos en Tiempos muertos y que descarta leer por requerir de la parada, de la espera, de hacer algo despacio, de ir más allá de la comodidad de la imagen en pantalla e interpretar el lenguaje usando la imaginación. Es además y sobre todo la inversión de los valores de la que hablábamos en Postureo: antes una persona con un libro nos resultaba atractiva, leyéramos o no. Ahora es un freaky, un payaso, un tonto, un perdedor, un inútil.
¿Has visto alguna foto de esta gente en Instagram leyendo? Ni la verás.