domingo, 31 de enero de 2021

Tiempo de tribu

Cuando murió mi padre, los días tristes fueron los de antes, mientras agonizaba y su existencia iba paulatinamente mermándose, y los de después, cuando acusamos su ausencia en la esquina del salón, pero el mismo día de su muerte y el par de días inmediatamente después, no los recuerda UNA como los más tristes. 

Curioso, ¿verdad? 

La memoria de esos días flota empañada de un sabor amargo pero extrañamente dulce. Vinieron amigos de nuestra infancia vallisoletana, gente muy querida que había conocido a mi padre en otros contextos. Vino familia de la que sólo ves en bodas y funerales. Vinieron a arroparnos, a acompañarnos, a estar. Nosotras, cinco mujeres doblegadas por la pena, nos dejábamos querer. En esos días también nos abrazaban genuinamente personas de las que nos acompañan a diario, de las que caminan la rutina con nosotras, algunas de las cuales quizá nunca antes nos habían abrazado: no se habría dado la ocasión. Sentimos de cerca la calidez humana de los que compartimos un mismo destino. Sentimos el amparo. Nos sentimos sujetadas. La enfermedad y muerte de mi padre nos había tambaleado y la tribu nos sujetaba compasiva. La muerte humilla y la tribu dotaba de cierta dignidad al trance por el que estábamos pasando.

Hay ratos en la vida que son tiempo de tribu, en los que la tribu, no es que sea necesaria, es que es imprescindible. Hay otros, también es verdad, en los que mucha tribu sobra: a veces la propia tribu no sabe distinguir las ocasiones. La pérdida de un ser querido, la desaparición de un miembro del clan, no obstante, es uno de esos ratos que requiere que la tribu se haga piña. 
Llorar con eco.
Suspirar en sarta.
Reír rememorando anécdotas que protagonizó el que acaba de dejarnos: una buena risa floja en un tanatorio no cura el dolor, pero reduce el sufrimiento.
Un duelo es tiempo de tribu.

Eso es lo que esta pandemia infernal les ha robado a las tribus de las víctimas: su tiempo. El consuelo de esos brazos. El calor humano que arropa, que tiende, que contiene. El murmullo de las mujeres. La caricia, la mano en la espalda. La complicidad de los que conocían al que no tuvo, en muchos casos, la oportunidad de despedirse, de rendir sus últimas palabras. Un duelo, sin tribu, ha de ser necesariamente más largo, más oscuro, más penoso.




UNA puede entender que la tribu no puede juntarse en tiempos de pandemia. UNA incluso agradece el sustituto torpe de redes sociales, de whatsapp, de amor virtual. UNA lamentablemente sabe toca renunciar al apego, al afecto, en aras de la salud.
UNA no entiende de política,
nunca escribe de política,
nunca siquiera se atreve a opinar de política,
porque lo de UNA no es la política.
Pero lo que me cuesta entender, lo que me escuece e irrita, es que tantas almas tengan que renunciar a la tribu en tiempo de tribu y, sin embargo, se celebren elecciones en medio del peor pico de la peor ola de la peor pandemia y se permita la movilidad de la población para ir a un mitin.

“Ante unas elecciones el Govern debe poder garantizar el derecho de participación, manifestación y opinión. El derecho a participar es fundamental, y por eso estará permitida esta movilidad para ir a un mitin. Tenemos que saber diferenciar unas actividades de otras. Unas elecciones son un derecho fundamental y otras actividades, en cambio, no”.

¿Qué doble moral es ésta?

La sujeción de la tribu en tiempo de tribu es un derecho fundamental al que vienen renunciando sin apenas rechistar familias y amigos de víctimas, clanes tambaleados por la muerte, en aras de la salud pública. Este doble rasero es un insulto para todos los que han renunciado a la tribu en tiempo de tribu, un insulto para los fallecidos a los que lloran, y es sobre todo un síntoma de que han perdido ustedes, señoras y señores de la cúpula, la perspectiva de lo-urgente. Están ustedes, unos y otros en la cúpula, ofreciendo un espectáculo lamentable estos días, saltándose colas e insultando a víctimas y tribus.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado que hayas recuperado esa palabra que usamos tan poco, tribu. Es una palabra sonora e incontestable y, como bien dices, muy necesaria en estos tiempos.

    Por otro lado, la clase política nos ha abandonado, hace tiempo que vivían en una realidad paralela. Cada crisis que ha pasado la ha ido colocando más y más lejos.

    Nos queda eso, la tribu.. Como decía la canción, hablamos otro idioma, el nuestro incomprensible para los poderosos, el suyo, ofensivo para todo nosotros.

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    1. No conocía la canción. La he buscado. ¡Un descubrimiento!

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Agradezco tus comentarios