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jueves, 13 de junio de 2019

Soltar, soltar, soltar... y minding the gap


En lo que llevamos de blog, creo haber compartido ya algunas de las lecciones aprendidas en Mi Vida Mundana, como la urgencia del autocuidado para la evitación de malos momentos-madre, la prioridad de la lista de cosas por ser sobre la lista de cosas por hacer, que TODO pasa, que los sábados no se trabaja, que cuando mi mente crítica enjuicia es momento de pararse y prestar atención, que viajar abre la mente y estira el tiempo, que el espacio dentro de la piel ha de ser siempre amigo... 


Una vida mundana enseña lecciones grandiosas

En este post quiero compartir otra de estas lecciones aprendidas a base de mucha conciencia sobre la reactividad de UNA: 


La urgencia de SOLTAR

Soltar responsabilidades, 
soltar el control y, 
por encima de todas las solturas, soltar las expectativas.


Soltar responsabilidades


Sabes esa canción horterilla de Ricky Martín que dice así:
♬ Un, dos, tres Un pasito pa'lante María Un, dos, tres Un pasito pa'trás ♬ 
Pues el tema de las responsabilidades (en el trabajo, en la familia, en el matrimonio, con los amigos... es decir, en cualquier contexto social que se preste al reparto de responsabilidades) es una danza al son de esta melodía:

♬ Un, dos, tres Un pasito pa'lante María Un, dos, tres Un pasito pa'trás  

Esto se tarda en aprender y, aun después de aprendido, todavía cuesta mucho mantener la conciencia del baile. El baile se baila así: siempre que haya un número de tareas por realizar y tú des un pasito pa'lante, fíjate María cómo los demás dan un pasito pa'trás. ¡Fíjate María! Si tú te haces cargo, los demás sueltan esa responsabilidad. El problema es que hay personalidades que son de echar pasitos pa'lante y personalidades de echar pasitos pa'tras. Y la danza no es equilibrada: en la danza no hay balanza... ¡Vaya, que al final acabas haciéndolo tú todo!
Eso se aprende y se aprende que, para no marearte demasiado, a veces hay que cambiar el paso: los demás se resisten, ¡claro está!, no les tienes acostumbrados a ese ritmo nuevo en el que tú das pasitos pa'trás en vez de pa'lante. Al principio tampoco es divertido para ti: supone salirte a ciegas de tu zona de confort. Pero si lo haces, si das un pasito pa'trás en vez de pa'lante, alguien (otro- "el otro existe") tendrá que dar un pasito pa'lante y hacerse cargo: el grupo/la familia es como un engranaje, en el que si uno cambia el rumbo, todos tienen necesariamente que cambiar de dirección. María, que no seas siempre tú la que dé los pasitos pa'lante, que te mareas, que al final tropiezas y te caes.



Por llevar esta "soltura" al terreno de lo práctico, te voy a poner un ejemplo que veía a mi alrededor cuando muchas en mi generación nos convertimos en madres nuevas. Cuando te conviertes en madre, las responsabilidades se multiplican por infinito, ya lo sabemos. Pues bien, hay un tipo de madre, María, que no suelta responsabilidades porque ella lo hace mejor que el padre
"Yo baño al niño porque el padre arma tal estropicio en el cuarto de baño que al final prefiero hacerlo yo" 
Pasito pa'lante, María. 
Durante los próximos cinco años el padre se sentará a tomar una cerveza y trastear la tablet (momento-padre-relax) mientras tú, María, bañas al niño (momento-madre-estrés). ¡Pero, María! TÚ has marcado el paso de esa danza, que no te salga ahora el humo por las orejas.

Y es que soltar responsabilidades supone también 

Soltar el control 

¡Ay, el control!

Para las personas perfeccionistas como UNA, soltar el control cuesta tela. Imagínate que vas por autovía a 140 km/h y te dicen que sueltes el volante y cierres los ojos. Imagínate. Ésa: ésa es la sensación que tenemos las perfeccionistas al soltar el control. A todo se aprende, claro, a flexibilizar, a soltar, a conducir por autovía a 140 con los ojos cerrados... pero ¡cuesta tela! y, sin embargo, es absolutamente necesario. Y cuando lo aprendes, descubres que "bien", que "MUY bien" no significa necesariamente "a MI manera". Que "TU manera" (la manera del otro- "el otro existe") puede significar "MUY bien" también. De hecho, "TU manera" a veces significa "MEJOR que MI manera".

Para mantener la salud mental y física es absolutamente necesario dejar de tratar de controlarlo todo: este aprendizaje es indispensable si eres madre porque cuando los niños son pequeñitos, son manejables, pero según van creciendo UNA tiene que ir tomando distancia, dando pasitos pa'trás, dejando ser, dejando estar, soltando el control.



Como madres, justificamos el control en muchos casos con la creencia de que estamos protegiendo, de que estamos educando. Pero la línea entre educación e interferencia con la personita que está en construcción, entre educación e invasión del espacio de su-vida-sin-ti, es una línea muy delgada que pisamos y quebramos cuando damos demasiados pasitos pa'lante. 
Seamos más testigos que controladores.

Soltar responsabilidades, 
Soltar el control y, 
por encima de todas las solturas, 

Soltar las expectativas: MIND THE GAP.

Imprescindible para la serenidad.

El que haya ido a Londres recordará que por toda la red de metro hay carteles con el mensaje MIND THE GAP que te advierte del hueco que hay entre el tren y el andén para que no metas el pie y te caigas o se te quede enganchado: "Cuidado con el hueco".




Pues bien, uno de los efectos secundarios beneficiosos que me ha aportado la conciencia que he ido ganando con la meditación es esta señal, MIND THE GAP, pegada a mi frente. Cuidado con el hueco entre los pensamientos y la realidad. Cuidado con el hueco entre tus expectativas, que no son más que pensamientos, y lo que realmente está pasando, que es a lo que deberías dar la bienvenida con aceptación. Porque ese hueco es la fuente de todas tus miserias. Ese hueco es la definición de la infelicidad.

Esto, que en teoría suena tan abstracto, en la práctica adquiere tintes mundanos muy familiares para UNA en todas sus relaciones.

Pongamos por ejemplo que viene la TitAna a pasar el finde y le da una propinilla a tus hijos. ¿Tú qué esperas? Tú esperas que tus hijos sean agradecidos y digan Gracias TitAna y le den un beso y un achuchón y se vayan tan contentos con su propina en el bolsillo. Y tú sonrías orgullosa de lo bien educados que están.
Eso esperas: Expectativa.
Pongamos que lo que pasa en realidad es que Dolfete hijo3 no está contento. Dolfete hijo3 protesta y se ofusca y se enfada porque a Gusi hijo2 le han dado más propina que a él. Así que Dolfete hijo3 no da besos ni achuchones y ¡por supuesto! no dice gracias
No es lo que esperaba UNA ni seguramente la TitAna tampoco, así que ahora tú estás entre ofuscada con Dolfete hijo3 por el comportamiento caprichoso y un poco avergonzada.
¿Dónde están estos sentimientos? En el GAP. Están en el hueco entre tus expectativas y lo que ha pasado en realidad.
Si no tuviéramos expectativas sobre cómo debería ser una situación, podríamos abrazarla con curiosidad y acercarnos a ella como una oportunidad: es decir, en vez de ofuscarte o avergonzarte, podrías vivir ese mismo momento desde la curiosidad (¿por qué reacciona así?) y la aceptación de los sentimientos y consiguiente comportamiento de un niño que cree que algo no es justo (!valídale!: es decir, acercarte a él con empatía y desde la empatía, enseñarle la eLECCIÓN de la gratitud. Tener cuidado con el hueco permite la empatía. No tener expectativas la favorece.

Este ejemplo que he puesto es un poco básico, lo sé, pero la convivencia con los hijos ofrece miles de oportunidades diarias de hacerse consciente del hueco.

Es, no obstante, en la relación de pareja donde este hueco es mucho menos sútil, es más grande: cabe el pie entero. Las mujeres a veces nos montamos historias en la cabeza que nunca suceden y, para cuando él aparece, ya es demasiado tarde: la historia está ya en pleno nudo con lo que el desenlace promete, especialmente porque el otro protagonista ni siquiera estaba ahí, en tu mente que es donde se generan las expectativas, así que la perplejidad no le permite reaccionar.

Esperas que te llame y no te llama. 
Esperas que te escriba y no te escribe. 
Esperas encontrarte la cena preparada y aún están los niños en la ducha. 
Esperas un regalo y se ha olvidado de tu aniversario. 

No esperes nada. 

No se trata de una actitud derrotista. Se trata de hacerse consciente de que las expectativas no son más que pensamientos sobre un futuro que no va a existir. Si aprendes a soltarlas antes de que planten historia en tu mente, la insatisfacción se convierte en gratitud: 
Todo es regalado ya que nada es debido.

Más fácil escribirlo aquí en el blog que practicarlo en la vida real.


Y luego hay otras formas de soltar: 
Soltar una carcajada, 
Soltar un buen taco (mecagoensuputamadreacaballo es el favorito de mi amiga Teresa- muy terapéutico por cierto), 
o Soltarse la melena -entre otras- son todas formas buenas de intercalar pequeñas dosis de salud mental en Una Vida Mundana.

martes, 26 de febrero de 2019

En el ángulo muerto

"Estoy en el ángulo muerto,
un sitio perfecto,
nadie me ve"
José Ignacio Lapido

UNA se pasa la vida riñendo. Que te laves los dientes. Que no digas palabrotas. Que no pegues a tu hermano. Que dejes la tablet. No se juega a la pelota en el salón. Entra en la ducha. Sal de la ducha. Recoge el baño. 
Gran parte de mi interacción diaria con mis hijos es en imperativo. Así de triste. Así de agotador.

UNA es perfectamente consciente de que esto es así y a veces UNA se pregunta si los hijos saben que, cuando hacen otras cosas, UNA los ve. Porque si te metes el dedo en la nariz, te riño. Pero si no te lo has metido en todo el día, ¿te lo digo? ¡No, por supuesto que no!

A raíz de esta reflexión, puse un panel en la pared de la cocina (la pared de mi cocina tiene mucho que contar de la familia de UNA). Dividí el panel en cinco columnas: Dolfete hijo3, Gusi hijo2, Paul hijo1, Peter y UNA. Llamé al panel "TE VEO".  La intención era, es, que en cada columna fuéramos pegando post-its con esas cosas que vemos que hace el otro, esas cosas que están bien, que en ocasiones están muy bien, pero que no decimos en voz alta, que no reconocemos.
Veo que has mejorado mucho tocando la guitarra.
Veo que has sido muy cortés con la profe de mates.
Veo que has sido muy amable con tu hermano cuando has ido corriendo al cole a por el libro de inglés que se le había olvidado.
Veo que has hecho las tareas en tu cuarto sin que te lo haya tenido que decir.

TE VEO

Creo que es esencial que sientan que también UNA los ve cuando hacen las cosas bien y no se limita a reñirles cuando las hacen mal. Entre ellos, también se han ido dejando post-its. Menos frecuentes que los que yo les he ido dejando pero que probablemente hayan llegado más dentro.
El reconocimiento de un igual vale mucho

El caso es que cuando habían pasado unos días había post-its en todas las columnas excepto una. Lo has adivinado: 
la columna de UNA.
Y no es que UNA no hubiera hecho nada bueno. No. Es que UNA, como muchas UNAS, está en el ángulo muerto: 
nadie me ve.
UNA está por sentado

Nadie ve que UNA es la que está pendiente de cuándo tocan las vacunas, de cuándo se acaba el papel higiénico, de que este mes nos ha subido mucho el recibo de la luz ¡sal de la ducha!
Nadie ve que que no has repetido bocata en toda la semana y has comido pescado dos veces; que ya he avisado a la abuela porque estás tosiendo mucho y mañana tengo veinte alumnos esperándome temprano en un aula, tosas tú o no.
Nadie ve que no me gusta Harry Potter pero lo veo por pasar un rato contigo en el sillón.
Nadie ve la hucha en la que estoy ahorrando para hacer ese viaje en familia.
Nadie ve que si te obligo a comprarte la flauta con el dinero de tu propina es porque ya la has perdido dos veces y quiero que crezcas en responsabilidad, no porque yo sea la peor madre del mundo.
Nadie ve que me levanto a las cinco de la mañana a corregir porque a las cinco de la tarde voy a estar contigo y quiero estar presente, sin la lista de cosas por hacer en mi cabeza. O, si ya lo tengo todo corregido, me levanto igualmente a hacer yoga o a meditar para que haya más posibilidades de no perder los nervios luego, cuando salten las chispas.
Nadie ve que si te llevo una zanahoria o un trozo de pan a la salida del cole es para prevenir que el hambre provoque una rabieta justo antes de comer lo que alargaría muuuucho las cosas y provocaría que yo llegara tarde al trabajo.
Nadie ve que, para mí, sería mucho muuuucho más fácil hacer yo las tareas de la casa que exigirte, hijo, que las hagas tú y tener que ir enmendando yo detrás, pero que la conciencia de estar creando hombres me lleva a no tirar por el camino de menor resistencia.
Nadie ve que tuve que renunciar a una atractiva promoción interna en mi trabajo porque exigía que renunciara a mi jornada a tiempo parcial y estimé que no sería justo que Dolfete hijo3 disfrutaras de mí menos tiempo de lo que en su día disfrutó Paul hijo1.
Nadie ve mis canas, cada una de las cuales vino pintada por una preocupación nueva por alguno de vosotros y otra noche sin dormir.


No escribo este post para despertar la compasión de nadie. 
Estamos hablando aquí de hombres en-proceso-de-construcción.
Educar es estar EN-OBRAS
Estamos trabajando


Y, además, prefiero no ser vista a ser ciega, créeme. 


Pero este experimento doméstico me ha provocado la presente reflexión: Si mi madre, que tuvo cuatro hijAs, dedicó su vida a educarnos para que fuéramos mujeres sin el rol de víctima, UNA, que tuvo tres hijOs, ha de educarlos para que vean. Para que saquen a la mujer del ángulo muerto. Para que no estén ciegos. Para que no esperen reconocimiento por lo que, de hecho, les corresponde.

UNA no hace las cosas que hace por necesidad de reconocimiento: las hace por amor. Por amor a mis hijos. Por amor a mi trabajo. Por amor a mis sueños. Pero eso no significa que UNA no tenga necesidad de reconocimiento. ¡Por supuesto que la tengo! Necesito que me valoren. Necesito que me reconozcan. Necesito que me vean. Que me digan:
TE VEO 
Veo que estás haciendo malabarismos para conciliar tu vida familiar con tu vida laboral; para conciliar tu vida laboral con tus sueñospara conciliar tus sueños con tu vida familiar. Y veo que no es fácil. Y veo que lo estás haciendo muy bien (salvo cuando lo hago mal, pero en eso, créeme, ya me riño yo misma... ¡Ay, la culpa!).

El feminismo lamentablemente sigue siendo necesario. Mientras las mujeres sigamos estando en el ángulo muerto, habremos de seguir siendo feministas.

La otra razón por la que persiste la necesidad de feminismo, junto a la falta de reconocimiento hacia la mujer, es el hecho de que doblamos, ¡redoblamos incluso!, el reconocimiento hacia el hombre. ¿Cuántas veces tendremos que oír lo de ¡qué suerte tienes con tu marido!? Y de esto son culpables muchas veces las propias mujeres, las iguales. Parece que UNA tuviera que darse con un canto en los dientes porque Peter haga lo que es de Peter que, al final, feminista o no, sigue siendo menos que lo que es de UNA.
Y no es que UNA sea un chusco y no valore a Peter. Es que si UNA no es mejor mujer, mejor madre, por empujar un carrito de bebé, ¿por qué va a ser Peter mejor hombre, mejor padre, por hacer lo mismo?

En esta nueva era, que esperemos sea de transición, parece que vemos lo que hacen ellos (que por otro lado es lo que ellas llevan haciendo toda la vida en el ángulo muerto) y seguimos dando por sentado lo que hacen ellas, que se ha multiplicado porque se niegan a renunciar a lo que es de ellas: ni a su vida laboral ni a sus sueños. 


We're not gonna take it any more! 

En esta nueva era, el reconocimiento lo han ganado ellos, y ellas siguen sin tenerlo. El reconocimiento que ellos han ganado es el que ellas merecían. Ahora le decimos al hombre:
TE VEO
Pero lo que yo veo es que haces lo que yo hacía antes sin que nadie me dijera TE VEO.
Por eso persiste el feminismo.
Porque es necesario que las mujeres se sientan también vistas, especialmente ahora que se ha multiplicado su carga sin ser acompañada de la conciliación imprescindible.

Las cosas están cambiando. Pero no han cambiado lo suficiente y muchos de los cambios no han sido necesariamente positivos. El feminismo está aquí para crear conciencia.

Dedico este post a las mujeres que ven a otras mujeres y las sacan del ángulo muerto porque Lapido, amigo, el ángulo muerto no es siempre el sitio perfecto y el reconocimiento de un igual, recuerda, vale mucho.