Estaba sentada junto a la ventana mientras mis alumnos (...y alumnas, ¡y alumnas!), hacían un examen. El caso es que, como ahora damos las clases con las ventanas abiertas, se escuchó una algarabía de pájaros fuera y levanté la cabeza del ordenador en el que estaba trabajando para mirar fuera. Y vi esto:
Me pareció tan bello el instante que, aprovechando que mis alumnos (...y alumnas, ¡y alumnas!) estaban ocupados (...y -adas, ¡y hadas!), me tomé la libertad de sacar el teléfono y hacer una foto. Tras este literalmente soplo de aire fresco, volví a mi trabajo y me dispuse a contestar un correo de otro alumno que protestaba por una nota.
Tres minutos después, volví a mirar fuera y, por la misma ventana que antes, desde la misma perspectiva de antes, vi esto:
¿Puedes ver la diferencia? Las fotos -lo juro- están sin retocar y sin filtros. Misma ventana. Mismos árboles. Mismos ojos. Tres minutos de diferencia.
Si no hubiera hecho la foto, casi con toda seguridad no habría percibido el cambio. Habría visto la reja, los árboles, pero no habría sido consciente de la "impermanencia" del momento, que por cierto es una palabra que no está en el diccionario de la RAE ni con im- ni con in-. Se ve que la robé del inglés. Así que en vez de la impermanencia robada, debería hablar de la transitoriedad. La transitoriedad de los colores, de la luz, de las nubes, del momento.
Bueno, pues ahora cuando UNA está mal se acuerda de esta ventana, de que nada es permanente, y se consuela: en tres minutos recupera el ánimo. Y cuando UNA está bien se acuerda de esta ventana, de que todo es transitorio, y literariamente se arruina el momento. La ruina del momento hace que UNA vuelve a estar mal, pero entonces se acuerda de nuevo de esta ventana, de que nada es permanente, y se consuela: en tres minutos vuelve a recuperar el ánimo.
Y hasta aquí el resumen del "así sucesivamente" de Una_Vida_Mundana.
Entradas relacionadas